Tus soles verdes, que empuñaron
liquidantes las dagas asesinas
liquidantes las dagas asesinas
impávidas al cielo pastoso,
inspiraron el concierto.
Humedecí en mis oleadas
las pálidas arenas de tu piel
que, por la argentina ribera,
crispó mis deseos.
Las montañas sudorosas
jamás nevadas en sus cimas,
conocieron la salinidad
de los que no fueron hijos.
El profundo antro de apetitos,
resucitados por el invasor,
pregonó alegorías y estertores
frente a la abatida indemne.
Los diestros implementos
con que forjabas mi alfarería,
no volverán a socorrer al virtuoso
de tanta obra malgastada.
inspiraron el concierto.
Humedecí en mis oleadas
las pálidas arenas de tu piel
que, por la argentina ribera,
crispó mis deseos.
Las montañas sudorosas
jamás nevadas en sus cimas,
conocieron la salinidad
de los que no fueron hijos.
El profundo antro de apetitos,
resucitados por el invasor,
pregonó alegorías y estertores
frente a la abatida indemne.
Los diestros implementos
con que forjabas mi alfarería,
no volverán a socorrer al virtuoso
de tanta obra malgastada.