jueves, 21 de junio de 2007

GEOCORPOGRAFÍA (NO PERDAÍS TIEMPO EN EL DICCIONARIO)

Tus soles verdes, que empuñaron
liquidantes las dagas asesinas
impávidas al cielo pastoso,
inspiraron el concierto.

Humedecí en mis oleadas
las pálidas arenas de tu piel
que, por la argentina ribera,
crispó mis deseos.

Las montañas sudorosas
jamás nevadas en sus cimas,
conocieron la salinidad
de los que no fueron hijos.

El profundo antro de apetitos,
resucitados por el invasor,
pregonó alegorías y estertores
frente a la abatida indemne.

Los diestros implementos
con que forjabas mi alfarería,
no volverán a socorrer al virtuoso
de tanta obra malgastada.





miércoles, 20 de junio de 2007

ABSOLUCIÓN

Llegarás a la esquina de tu vida arrodillada,
y te miraré lleno de palabras mudas,
pues soy yo y no otro
el responsable de tu decadencia.

El propio orgullo iluminado segará tus pupilas,
y se encenderá la hoguera vana,
derritiendo esa piel lozana
que cobija tus peores miedos.

Lamentos surgirán de tus labios,
tantas veces torturados por el insulto,
y la dulce miel de tus apenados ojos
será sorbida por el cancerbero sediento.

Se secará el manjar de tu entrepierna
mientras mi rabia golpea contra ella.
No habrá piedad en tus infiernos,
no habrá sosiego… serás nada.

Refinaste a la ramera entre mis besos,
y pagaste con maldigo mi esperanza,
desterrada de mi cama… exiliada del recuerdo,
se tragará la tierra tus entrañas.

martes, 19 de junio de 2007

TESTIMONIO

Cuando las luces de la ciudad
fraguan las tristes hendijas callejeras,
una sombra enluta su destello.

Entre caliginosas avenidas intrincadas,
se desdibuja lúgubre
un abatido remedo de humanidad.

Soy el decadente: artífice del estrago,
el que hundiendo el cielo desfallece…
invierno, alma intransigente,
el empobrecido hazmerreír de su sortilegio.

¿Cómo trasuntas la tristeza?
tu sol dando vida a lo finito;
anhelos, ensueños y apetitos
viajan a ti, en tu seno anidan.
Razón, existencia eres:
razón de mi ser, mil veces.
Pasaje inmortal a tu regazo,
mis miedos en ti se desvanecen.
Tú, la canción de amor que no perece,
tú, el sincero aletear de colibríes,
tú, el principio y el fin de la locura…
esa tierna y enamorada locura mía.
Arropa mis fantasmas en tu abrazo,
aunque no pueda tocarte a la distancia.
Lejanía, se acaba de un plumazo,
en tu mirada espejándose en la mía.
Vuelco en testimonio lo que el alma siente,
en versos de estropicios nocturnales
¿serás todo aquello que tú crees?
¿serás futuro? ¿o simplemente ideales?